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jueves, 15 de abril de 2010

combinaciones ordinarias

No pido riquezas, 
ni esperanzas, 
ni amor, 
ni un amigo que me comprenda; 
todo lo que pido 
es el cielo sobre mí y
un camino a mis pies.
Robert Louis Stevenson (1850-1894) Escritor británico.

Hoy he comido con Pablo en Casa Pepe, en el barrio más pijo por excelencia, el de Salamanca. Mi antiguo lugar de trabajo. La verdad es que me ha molado volver por allí, hacía mucho tiempo que no me pasaba y me gustan esas aceras enormes que están haciendo en la calle Serrano. Eso si, han montado un carajal de mucho cuidado, pero hoy no había mucho tráfico y he encontrado sitio en la puerta del restaurante. Parece que el Universo me quiere, porque últimamente encuentro sitio en la puerta cada vez que salgo. Hasta el domingo pasado encontré sitio en la Latina, eso ya se puede catalogar de milagro.

viernes, 2 de abril de 2010

licantropos

En la noche entraremos
hasta su tembloroso firmamento,
y tus pequeñas manos y las mías
robarán las estrellas.
Pablo Neruda, Los versos del Capitán, La rama robada

La luna está llena. Es enorme. Inmensa en el horizonte. Se pueden percibir sus cráteres con total claridad como las imperfecciones en la cara de una diosa adulta. Refleja nuestras sombras en el camino cuando salimos de mi coche a fumarnos un canuto. Paul se ha prestado a mi rito, nuestro rito: celebramos la llegada primavera, celebramos que estamos vivos, en esta época del año en la que se celebra la muerte de Jesús. Coincide también con la muerte del invierno, con el fin del sufrimiento que ha sido este infierno de ciclones. Por fin, podemos salir a la calle y ver la enormidad del cielo sin nubarrones.

viernes, 5 de marzo de 2010

viernes de sanación

Las grandes pasiones son 
enfermedades incurables. 
Lo que podría curarlas 
las haría verdaderamente peligrosas.
Johann Wolfgang Goethe (1749-1832) Poeta y dramaturgo alemán.

La mordedura de Emilio me escuece, me pica y no paro de rascármela. Me pican estas costras que no paro de quitarme. Me levanto las costras de esta herida pasional, con ese secreto placer que me recuerda a cuando me arrancaba las costras de las rodillas en el verano del 82.

sábado, 9 de enero de 2010

la cadera de la ninfa



Si, va a ser verdad. La cosa está muy chunga. Y eso que desde que empezó la puñetera crisis estoy viviendo mis mejores años. La magia de asumir el cambio. Ya sufrí mi crisis global particular antes que ésta y por esa razón ni me asusto ni me meso los cabellos. Sé que cuando tocas fondo sólo te queda mirar hacia arriba y empezar a subir. El único pensamiento más desolador que tocar fondo es la posiblidad de permanecer allí, y que ese estado, que pensamos transitorio, se vuelva perenne. No creo que eso pueda ser, el cambio es una constante en este universo. En eso radica su encantamiento. Me harta el tema y prefería no tratarlo aquí. Pero es inevitable. Esta crisis planetaria me está afectando. Me aburro soberanamente en el trabajo. Infinito. Los clientes nos ignoran. Ni con rebajas se motivan.

Paso horas leyendo, divagando, soñando, rememorando como hacíamos el amor de cara al ventanal, como me besaste por primera vez deslizando la lengua por mis labios, sin atreverte a abrirlos, tus manos en mi espalda. ¡Oh dios, esto es una tortura! Es sábado y como siga así y me tome dos copas, me voy a arrepentir después. El tedio es lo peor para el mal de amores.

lunes, 28 de diciembre de 2009

inocente

Entro por la puerta de la tienda, tarde y sin muchas ganas este último lunes de año. Además es el día de los inocentes y no se me ocurre ninguna broma que gastar a la ratita presumida de mi jefa. Mientras me maquillo en el cuarto de baño, intentando borrar las señales del cansancio acumulado, me pregunta la ratita:

- ¿Tienes el teléfono del chico del aire? No me ha mandado la factura y me ha dicho el gestor que la necesita - ¿es una broma de mi jefa o del destino?. Me paralizo un segundo y después, lo más natural posible le digo que sí y se lo doy para que llame ella.

Yo no quiero llamar, la última vez que lo hice para darle las gracias por su ayuda en la reparación de la bomba de calor, fue encantador. A mi me costaba hablar con naturalidad. Además tengo la impresión de que tiene novia, o está casado o algo por el estilo. Prefiero no saber nada. Sólo tenemos una buena relación de trabajo y no veo por dónde puede seguir. Le conozco desde hace una año y medio, desde entonces las veces que nos hemos visto siempre me pasa lo mismo. Me pongo muy nerviosa y me es muy incomodo. Pero me encanta, es sencillo y divertido. A la vez es tan profesional, se nota que le gusta lo que hace y que sabe de lo que habla. Parece seguro y abierto, su mirada es tan sincera, que pienso que es imposible que un hombre así esté libre.
- Le he llamado pero no me lo coge -me informa mi jefa con tonito
- Estará muy ocupado o en una de las obras - le digo a mi jefa en tono conciliador

domingo, 27 de diciembre de 2009

plomo en oro

Es mejor un final doloroso, que un dolor sin final. Es un proverbio alemán, que suena como una sentencia. Se nota el toque wagneriano, trágico, del carácter germano. Por supuesto que es preferible un final feliz, pero esa no es la cuestión. Le suelto esta frase a Pablo acomodada en su sofá este último domingo del año, y los ojos se le abren demostrando que entiende demasiado bien la grandeza de este pensamiento. Porque Pablo sufre y no quiere seguir sufriendo. Quiere un final feliz pero sabe que será un final doloroso, o un dolor sin final.

El sol se pone, desde las ventanas de su salón en un segundo piso contemplo las nubes rosas que pintan el cielo de Madrid. Siempre me sobrecogen esas puestas de sol invernales, son cursis y rápidas como una tarjeta de felicitación, pero son preciosas.

martes, 22 de diciembre de 2009

sorteo de navidad

Son las dos de la tarde. Llueve a cántaros y las clientas parece que se han olvidado de mi. No importa, estoy leyendo el periódico con frución de lo aburrida que está siendo la mañana.

Suena la puerta de entrada y me asomo. Llega mi vecina de tienda, Chelito, siempre sonriente, al mal tiempo buena cara. Miro esos enormes ojos azules heredados de su padre, marca de la casa, y sé que quiere contarme algo. Es una chica encantadora, jovial, graciosa y guapa, da gusto estar con ella. Tenemos química, nos estamos haciendo amigas y eso me gusta, creo que a ella también. Me gusta la complicidad que hay entre nosotras. Es curioso porque aunque sé quién es desde pequeña -fuimos al mismo colegio de monjas- es ahora, a raíz de mi trabajo en la tienda, que hemos empezado a intimar.

jueves, 17 de diciembre de 2009

el maleficio del amor eterno

Fue un amor tan profundo que era imposible. La última vez que hablé con Christian, hará ya más de tres años me dijo por teléfono en un susurro: "te he amado infinitamente". Es una expresión alemana, que ya encierra el abandono en sí. Es una paradoja, porque si fuera infinito, él me seguiría queriendo. Era un amor infinito y frustrado que me dejó al borde mismo del abismo. Los que hemos tenido la suerte y la desgracia de vivir un amor así, sabemos que no se volverá a repetir. Son amores tormentosos, violentos y descomunales que destrozan colchones como destrozan corazones.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

rituales

En el mundo sólo existen dos clases de personas: los hombres y las mujeres. Y como es bien sabido por todos, son animales racionales. Es decir, tienen una naturaleza prioritariamente animal que se ve complemententada con el uso superior de la razón. Hasta aquí lo tengo claro, a veces.

A lo largo de los años hemos ido evolucionando, siempre según las teorias evolucionistas, y hemos llegado a ser lo que somos hoy en día a partir de un par de un protozoós. También claro.

Evolución no es lo mismo que transformación. Lo cual implica que, en principio, seguimos siendo animales. Somos humanos, pero también animales. Para explicarnos algunos comportamientos humanos sólo deberíamos observar que hacen nuestros antepasados y coetaneos: los nobles animales. Y así nos evitaríamos muchos malentendidos.

lunes, 14 de diciembre de 2009

romper con un encantamiento

Tengo un amigo encantado. Enamorado hasta las trancas de una chica que le dice que quiere que sean amigos. La encantadora le dice eso, pero actúa de otra forma. Se deja querer por él, se apunta a todos los planes que él le propone, se enrrollan... Vamos, que tiene un lío en toda regla. Pablo se abrió el pecho en canal una buena noche, después de varias citas perfectas y le presentó su corazón en bandeja para que ella se lo comiera. El encanto de chica se sintió muy halagada y le rechazó con la frase más lapidaria de toda la historia: "ahora no puedo tener una relación, pero podemos ser amigos". Ploff. Y la losa cayó. No hay nada que hacer, la chica no quiere y le cuenta un cuento sobre una princesa que perdió su trabajo y su novio al mismo tiempo. Pero quiere seguir viéndole como "amigomante". Y zas, ya se ha encantado Pablito. No hay encantamiento más poderoso que lo que no podemos tener.

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