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viernes, 16 de abril de 2010

subir al cielo

El sabio es quien 
quiere asomar 
su cabeza al cielo; 
y el loco es quien 
quiere meter el cielo 
en su cabeza.
Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) Escritor británico.

Sucedió otro viernes. Sucedió en otra cuidad. Sucedió otra primavera. Pero lo recuerdo como si fuera a pasar hoy. Estaba en Lisboa por trabajo. Íbamos a rodar un spot y a hacer las correspondientes fotos para nuestro cliente. Era un rodaje de seis días. Seis días con sus respectivas noches, buscando localizaciones, haciendo castings e intentando no morir de cansancio y estrés en el intento.

martes, 22 de diciembre de 2009

sorteo de navidad

Son las dos de la tarde. Llueve a cántaros y las clientas parece que se han olvidado de mi. No importa, estoy leyendo el periódico con frución de lo aburrida que está siendo la mañana.

Suena la puerta de entrada y me asomo. Llega mi vecina de tienda, Chelito, siempre sonriente, al mal tiempo buena cara. Miro esos enormes ojos azules heredados de su padre, marca de la casa, y sé que quiere contarme algo. Es una chica encantadora, jovial, graciosa y guapa, da gusto estar con ella. Tenemos química, nos estamos haciendo amigas y eso me gusta, creo que a ella también. Me gusta la complicidad que hay entre nosotras. Es curioso porque aunque sé quién es desde pequeña -fuimos al mismo colegio de monjas- es ahora, a raíz de mi trabajo en la tienda, que hemos empezado a intimar.

jueves, 17 de diciembre de 2009

el maleficio del amor eterno

Fue un amor tan profundo que era imposible. La última vez que hablé con Christian, hará ya más de tres años me dijo por teléfono en un susurro: "te he amado infinitamente". Es una expresión alemana, que ya encierra el abandono en sí. Es una paradoja, porque si fuera infinito, él me seguiría queriendo. Era un amor infinito y frustrado que me dejó al borde mismo del abismo. Los que hemos tenido la suerte y la desgracia de vivir un amor así, sabemos que no se volverá a repetir. Son amores tormentosos, violentos y descomunales que destrozan colchones como destrozan corazones.

lunes, 14 de diciembre de 2009

angel de la muerte

Lo ha vuelto a hacer. Sentada detrás de la mesa que hace de mostrador he levantado la vista y ahí estaba él. Detrás de la puerta. Como una aparición de metro ochenta y cinco. Con su media melena revuelta y la barba de tres días. Bum. Bum. Paro cardíaco. Terremoto a lo largo de mis piernas. Desierto en mi garganta. Vacío en los pulmones.

Está para parar un tren, vaya una expresión caduca. Es totalmente mi tipo. Lleva descuidadamente una parca azul marino  y unas puma que en otro tiempo también fueron azules. Se mueve con soltura, su paso es seguro, preciso. Esas zancadas masculinas que hacen que te fijes en un hombre entre la muchedumbre del metro.

En la tienda hay cuatro mujeres y una niña, que al tiempo dejan de hablar al verle entrar. Sólo dura una ínfima fracción de segundo. Lo justo para que me de cuenta de que no es consciente del efecto que produce. Me levanto, le saludo con un gesto, sin hablar,  para luego dirigirme hacia las clientas. Mi jefa charla con él sobre la avería y en su tono noto con qué descaro intenta hacerse la zalamera.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

mágico tú

Reconozco su figura a través del cristal. Sé que es él aunque hace ya casi 6 meses que no le veo. La puerta se abre, dudo un momento si levantarme. Tengo miedo. Cada vez que le veo, siento lo mismo. Un terror paralizante que hace que no haga nada de nada. No se me escapa ni una sonrisa cuando me saluda.

Montones de pensamientos se agolpan en mi cabeza entre el pánico de mis hormonas, pero uno predomina: este hombre me encanta. Y entonces me distancio. No lo puedo evitar. Él me mira fijamente a los ojos y por su forma de mirar sé que me está midiendo. Eso hace que me guste mucho más y que yo sea aun más fría.
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