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domingo, 11 de abril de 2010

paraísos próximos

El paraíso 
lo prefiero 
por el clima; 
el infierno 
por la compañía.
Mark Twain (1835-1910) Escritor y periodista estadounidense.


Me siento extraña. Mi cerebro registra la realidad de forma diferente estos días. Los restos del alcohol de las noches pasadas navegan por mis arterias obstruidas de resentimiento. Si, es verdad, por mucho que ya no sufro tan intensamente como he llegado a sufrir, sigo resentida. Una palabra interesante. Re-sentimiento. Vamos, que de tanto sentir me he pasado de vueltas. Creo que es eso lo que me ha pasado. De tanto sentir, me resiento. Re-siento. Re-caliento. Re-velo. Lo lógico sería que dejase de sentir, para no acabar tan Re. R. Una de mis letras favoritas. Resentida. Rejodía. Rebelde. Rabiosa. Radical. Si, pues ya he llegado a este punto. Y mi estado de ánimo es tan raro, que no sé si voy a acabar en la cárcel o en el sanatorio.

martes, 16 de febrero de 2010

umbral sobrenatural

No hay razón para buscar el sufrimiento,
pero si éste llega y trata de meterse en tu vida,
no temas; míralo a la cara 

y con la frente bien levantada.
1844-1900. Friedrich Wilhelm Nietzsche. Filosofo alemán.

El sufrimiento es algo evitable. Podemos evitar sufrir. Tenemos la capacidad de controlar nuestros pensamientos los cuales controlan nuestras emociones. Podemos decirnos a nosotros mismos que la herida no duele y así soportar el dolor. Podemos imaginar un sol que caliente nuestros corazones cuando el frío nos penetra. Hay personas capaces de soportar con entereza cualquier situación que les presente la vida, otras no.

jueves, 28 de enero de 2010

el universo con ortega

Amar una cosa es estar 
empeñado en que exista; 
no admitir, en lo que depende de uno, 
la posibilidad de un universo 
donde aquel objeto esté ausente.*

martes, 26 de enero de 2010

condena de líbido

Hoy caigo en el agujero, en el agujero ocioso que se ha convertido mi vida de momento. La noche cae rápido en este martes de enero. Mi único consuelo es que cada día estamos más cerca de los largos días. Divago, leo, bebo y duermo. Me acompañas constante. Mi obsesión es mi compañera. Tengo miedo. Miedo a perderme en ti, a no ser nunca más un ser funcional. Me pierdo entre las sábanas, por la tarde, cuando cae la noche. No he salido de casa y aún así ni me encuentro entre mis paredes.

viernes, 22 de enero de 2010

elixir de amor

Hace varios años, muchos años, en realidad. Era una jovenzuela alocada y pretendía comerme el mundo. Lo peor es que pretendía saber mejor que nadie como funcionaba. Hoy ya no pienso así, no sé como funciona el mundo. Lo intento cada día, me esfuerzo en comprender, en entender su mecánica. Al final, esa va a ser la clave. La comprensión. No lo sé, estoy todavía en ello.

Una mañana de abril, la recuerdo bien, me levanté para ir a la universidad. Supongo que tendría cierta presión con los exámenes, mi novio, los trabajos y los compañeros. Quería sacar muy buenas notas y labrarme un futuro prometedor como publicista. Comerme el mundo a bocados de veinte segundos. Esa buena mañana hubiera caído en el olvido, de no haber sido por lo que pasó al bajar las escaleras, y llegar a la cocina.

viernes, 15 de enero de 2010

cínico de copas

Sigo y sigo. Ya tengo todo el tiempo del mundo para regodearme en este fracaso que has sido. Sé perfectamente que no tiene ningún sentido. Pero ahí estoy yo: haciendo cosas sin sentido, pero con mucho sentimiento. A cada hueco que me deja mi quehacer diario, te cuelas y empiezo a imaginar cartas que te escribiría. Conversaciones que nunca tendremos. Momentos que nunca viviremos. Esto se está pareciendo cada vez más a una locura tipificada.

Me lavo los dientes y la cara por la mañana, y ya empiezo con mi conversación esquizoide. Yo te hablo y tu resuenas dentro de mi cabeza. Yo te contesto, luego me da una especie de ataque y me siento delante del ordenador, para intentar ordenar mis ideas. Me levanto de golpe, muy cabreada, buscando un pitillo. Sin haberte escrito una línea. Sé que no hay nada que pueda hacer. Ahora sólo me queda recorrer el largo camino del olvido, y ni siquiera encuentro un acompañante para eso.

viernes, 18 de diciembre de 2009

la bola de cristal

Dos viejos en la barra del bar de la esquina con una cerveza, un vino y ducados. Una camarera rumana veinteañera, de piel blanca y ojos de centeno.

-¡Vengan Uds. todos los días! ¡Me suben la moral!

Pago mi café con gusto.

jueves, 17 de diciembre de 2009

el maleficio del amor eterno

Fue un amor tan profundo que era imposible. La última vez que hablé con Christian, hará ya más de tres años me dijo por teléfono en un susurro: "te he amado infinitamente". Es una expresión alemana, que ya encierra el abandono en sí. Es una paradoja, porque si fuera infinito, él me seguiría queriendo. Era un amor infinito y frustrado que me dejó al borde mismo del abismo. Los que hemos tenido la suerte y la desgracia de vivir un amor así, sabemos que no se volverá a repetir. Son amores tormentosos, violentos y descomunales que destrozan colchones como destrozan corazones.

aquelarre peruano

Ayer la comida ente amigas reencontradas fue maravillosa. Mujeres que ya no son ningunas niñas, pero que se conocieron cuando lo eran. Algo más intenso nos une a unas con otras. No sólo nos hemos criado de formas parecidas y en colegios comunes. No sólo somos de la misma generación y compartimos recuerdos y emociones. Somos amigas y nos compenetramos. Nos escuchamos y nos interesamos por los problemas de las otras.

Ayer fue una de esas comidas memorables, en un resturante peruano al lado de mi trabajo. Nos había costado tanto coordinar horarios con los niños, el trabajo, los viajes que yo pensaba que sería imposible reunirnos todas en una misma mesa. Pero lo logramos. Lo estábamos deseando desde hace tiempo. Y es que esos aquelarres son la sal de la vida. En ellos podemos ser nosotras mismas, sin miedo a nada. Ni que opinará Fulanito y que pensará Zutanita.

lunes, 14 de diciembre de 2009

angel de la muerte

Lo ha vuelto a hacer. Sentada detrás de la mesa que hace de mostrador he levantado la vista y ahí estaba él. Detrás de la puerta. Como una aparición de metro ochenta y cinco. Con su media melena revuelta y la barba de tres días. Bum. Bum. Paro cardíaco. Terremoto a lo largo de mis piernas. Desierto en mi garganta. Vacío en los pulmones.

Está para parar un tren, vaya una expresión caduca. Es totalmente mi tipo. Lleva descuidadamente una parca azul marino  y unas puma que en otro tiempo también fueron azules. Se mueve con soltura, su paso es seguro, preciso. Esas zancadas masculinas que hacen que te fijes en un hombre entre la muchedumbre del metro.

En la tienda hay cuatro mujeres y una niña, que al tiempo dejan de hablar al verle entrar. Sólo dura una ínfima fracción de segundo. Lo justo para que me de cuenta de que no es consciente del efecto que produce. Me levanto, le saludo con un gesto, sin hablar,  para luego dirigirme hacia las clientas. Mi jefa charla con él sobre la avería y en su tono noto con qué descaro intenta hacerse la zalamera.

viernes, 4 de diciembre de 2009

abrir los ojos

Es curioso que cuando tenemos las cosas más cerca no nos damos cuenta de que ahí están. Es el dicho popular "si es un perro, te muerde". Y pasa con todo, sólo nos fijamos que ya no están, cuando se han ido. Entonces notamos su ausencia. Pasa con las gafas o con los amigos. ¿Dónde he puesto las gafas? ¡Madre mía, qué cabeza tengo¡ ¡¡¡Me cago en diez!!!! ¡de este año no pasa, me opero la vista! Voy subiendo el tono a medida que me doy cuenta que no las encuentro, que soy muy dependiente porque no veo patata sin ellas. Las quiero y las odio. Y pongo a Dios por testigo que no tendré nunca más gafas. Hasta que llega mi hermana, me mira como si me hubiera vuelto loca y me dice: "las tienes en la cabeza".

jueves, 3 de diciembre de 2009

la magia y la vida

Lo primero de todo decir que cada día estoy más convencida de que existe la magia. La veo todos los días. Con sus centellas y sus hadas. Los pequeños duendes y todas esas cosas que de pequeños nos decían que habitan el bosque. El problema es que los bosques de ahora son de asfalto y ladrillo. De coches y farolas. Al cambiar los bosques también han cambiado sus habitantes. Lógico.

La magia existe. No todos pueden verla y algunos la llaman locura.


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