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lunes, 28 de diciembre de 2009

inocente

Entro por la puerta de la tienda, tarde y sin muchas ganas este último lunes de año. Además es el día de los inocentes y no se me ocurre ninguna broma que gastar a la ratita presumida de mi jefa. Mientras me maquillo en el cuarto de baño, intentando borrar las señales del cansancio acumulado, me pregunta la ratita:

- ¿Tienes el teléfono del chico del aire? No me ha mandado la factura y me ha dicho el gestor que la necesita - ¿es una broma de mi jefa o del destino?. Me paralizo un segundo y después, lo más natural posible le digo que sí y se lo doy para que llame ella.

Yo no quiero llamar, la última vez que lo hice para darle las gracias por su ayuda en la reparación de la bomba de calor, fue encantador. A mi me costaba hablar con naturalidad. Además tengo la impresión de que tiene novia, o está casado o algo por el estilo. Prefiero no saber nada. Sólo tenemos una buena relación de trabajo y no veo por dónde puede seguir. Le conozco desde hace una año y medio, desde entonces las veces que nos hemos visto siempre me pasa lo mismo. Me pongo muy nerviosa y me es muy incomodo. Pero me encanta, es sencillo y divertido. A la vez es tan profesional, se nota que le gusta lo que hace y que sabe de lo que habla. Parece seguro y abierto, su mirada es tan sincera, que pienso que es imposible que un hombre así esté libre.
- Le he llamado pero no me lo coge -me informa mi jefa con tonito
- Estará muy ocupado o en una de las obras - le digo a mi jefa en tono conciliador

miércoles, 9 de diciembre de 2009

mágico tú

Reconozco su figura a través del cristal. Sé que es él aunque hace ya casi 6 meses que no le veo. La puerta se abre, dudo un momento si levantarme. Tengo miedo. Cada vez que le veo, siento lo mismo. Un terror paralizante que hace que no haga nada de nada. No se me escapa ni una sonrisa cuando me saluda.

Montones de pensamientos se agolpan en mi cabeza entre el pánico de mis hormonas, pero uno predomina: este hombre me encanta. Y entonces me distancio. No lo puedo evitar. Él me mira fijamente a los ojos y por su forma de mirar sé que me está midiendo. Eso hace que me guste mucho más y que yo sea aun más fría.
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