En cuanto nace la virtud, nace contra ella la envidia,
y antes perderá el cuerpo su sombra que la virtud su envidia.
Leonardo Da Vinci (1452-1519) Pintor, escultor e inventor italiano.
Hay ciertas personas de las que no quería hablar. Son ese tipo de personas de las que te arrepientes de haber vuelto dejar entrar en tu vida, eso por un tiempo. Luego te alegras, al darte cuenta que no te perdíste nada de los quince años que estuviste sin verlas. Yo tenía una amiga intima de pequeña. Una niña de la urba, mi vecina. Yo la adoraba de cría, no sé porqué. Fue mi vecina muchos años, y compartimos la infancia y la adolescencia juntas. Es una persona que se considera muy superior a mi. Siempre lo ha hecho. y yo no supe verlo. Además de creerse muy, pero que muy buena persona. Se llama Amanda, y ha sido, después del Capitán, una de las mayores decepciones de mi vida. Fue él, Emilio, el que una noche me recordó los apellidos completos de esta bruja rubia de bote.
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viernes, 9 de abril de 2010
jueves, 17 de diciembre de 2009
aquelarre peruano
Ayer la comida ente amigas reencontradas fue maravillosa. Mujeres que ya no son ningunas niñas, pero que se conocieron cuando lo eran. Algo más intenso nos une a unas con otras. No sólo nos hemos criado de formas parecidas y en colegios comunes. No sólo somos de la misma generación y compartimos recuerdos y emociones. Somos amigas y nos compenetramos. Nos escuchamos y nos interesamos por los problemas de las otras.
Ayer fue una de esas comidas memorables, en un resturante peruano al lado de mi trabajo. Nos había costado tanto coordinar horarios con los niños, el trabajo, los viajes que yo pensaba que sería imposible reunirnos todas en una misma mesa. Pero lo logramos. Lo estábamos deseando desde hace tiempo. Y es que esos aquelarres son la sal de la vida. En ellos podemos ser nosotras mismas, sin miedo a nada. Ni que opinará Fulanito y que pensará Zutanita.
Ayer fue una de esas comidas memorables, en un resturante peruano al lado de mi trabajo. Nos había costado tanto coordinar horarios con los niños, el trabajo, los viajes que yo pensaba que sería imposible reunirnos todas en una misma mesa. Pero lo logramos. Lo estábamos deseando desde hace tiempo. Y es que esos aquelarres son la sal de la vida. En ellos podemos ser nosotras mismas, sin miedo a nada. Ni que opinará Fulanito y que pensará Zutanita.
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