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lunes, 4 de enero de 2010

fantasma ochomil

No puedo evitar pensar en Lorena esta fría mañana en enero. Una mujer dulce y con carácter luchador. Tiene un cuerpo de vértigo y un gusto destructor por los hombres complicados. Su último amor es un fantasma. No sabemos nada de él. Nunca le hemos visto.

Pepe no quiere conocer a sus amigas, prefiere ir a casa de Lorena, o salir con ella a solas. Estoy segura que disfruta a rabiar de su compañía, y de su anatomía. Demuestra poco interés en Lorena, no quiere comprometerse ni compartir ciertas facetas de su vida. Dice que ya le han roto el corazón y no quiere que se lo vuelvan a romper. Una excusa que de por típica no es menos mentira. Llevan así casi un año de lucha. Ella intentando quitarle el miedo a la vida y él queriéndola a medias.

sábado, 19 de diciembre de 2009

¿porqué las brujas malas ligan más?

Son las dos de la mañana. El bar está a rebosar de gente celebrando cenas de empresa, hombres y mujeres con una excusa para hacer el ganso. Me acerco a la barra donde están Lorena, Carlota y Paola charlando.

- Si es que eres demasiado buena, Lorena -le dice Carlota muy seria después de haber escuchado la retaila de desplantes de su chico.
-Si, tan buena que soy gilipollas -responde Lorena.
-Yo ya soy sólo gilipollas- digo yo en tono mosqueado.

Y es verdad, me he vuelto gilipollas. Seguro que el próximo que se cruce en mi camino, de lo gilipollas que soy se quiere casar conmigo.

jueves, 17 de diciembre de 2009

aquelarre peruano

Ayer la comida ente amigas reencontradas fue maravillosa. Mujeres que ya no son ningunas niñas, pero que se conocieron cuando lo eran. Algo más intenso nos une a unas con otras. No sólo nos hemos criado de formas parecidas y en colegios comunes. No sólo somos de la misma generación y compartimos recuerdos y emociones. Somos amigas y nos compenetramos. Nos escuchamos y nos interesamos por los problemas de las otras.

Ayer fue una de esas comidas memorables, en un resturante peruano al lado de mi trabajo. Nos había costado tanto coordinar horarios con los niños, el trabajo, los viajes que yo pensaba que sería imposible reunirnos todas en una misma mesa. Pero lo logramos. Lo estábamos deseando desde hace tiempo. Y es que esos aquelarres son la sal de la vida. En ellos podemos ser nosotras mismas, sin miedo a nada. Ni que opinará Fulanito y que pensará Zutanita.
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