los cimientos pone en lo alto
y las tejas en los cimientos.
Francisco de Quevedo (1580-1645) Escritor español.
Hay alegrías que no te esperas. Pero rezas para sucedan. Y que ayer ganáramos a Alemania fue para mi algo muy grande. Llevaba semanas viendo por Facebook como mis amigos alemanes hacían bromas de como nos iban a ganar, tan seguros estaba ellos. Les conozco bien, y la soberbia alemana no cabe dentro de sus propias fronteras. Ellos siempre piensan que son mejores, y es cierto que en muchas cosas son admirables, pero esa manera de asumir que pueden más y mejor que todos los demás no ha desaparecido ni después de perder dos guerras. Ellos son así, no saben ver que existen otras posibilidades, que hay otros caminos para alcanzar el éxito. Me alegro tanto. Llevo días diciéndoles que es mejor esperar a asumir una victoria antes de tiempo.
Ayer, y yo no soy nada futbolera, mi orgullo, mi amor por una patria que me ha vuelto a acoger, la verdadera alegría de poder darles sopas con ondas a esas bestias que se creen mejor que los demás, me dejó emocionada, extasiada. Estaba en el bar de abajo, gritando y sufriendo, con un montón de mujeres, deseando que ganáramos para no tener que leer las tonterías que podrían los alemanes de sobre su superioridad. Eso pensaba mi ex, que era superior. Ese fue precisamente su fallo. Me alegro tanto, les he dado su merecido, y en su idioma.
Mi ex sabe lo que se perdió, y ahora lo sabe toda una nación, todo el mundo. España es mucha España, y de dentro nos sale siempre el coraje y la raza, y lo demostramos. Qué orgullo, qué felicidad. Ahora ya estoy más cerca de pensar que a lo mejor ganamos el mundial, y que sólo los hechos improbables, los que no se pueden prever son los que conforman nuestras vidas.
Francisco de Quevedo (1580-1645) Escritor español.
Hay alegrías que no te esperas. Pero rezas para sucedan. Y que ayer ganáramos a Alemania fue para mi algo muy grande. Llevaba semanas viendo por Facebook como mis amigos alemanes hacían bromas de como nos iban a ganar, tan seguros estaba ellos. Les conozco bien, y la soberbia alemana no cabe dentro de sus propias fronteras. Ellos siempre piensan que son mejores, y es cierto que en muchas cosas son admirables, pero esa manera de asumir que pueden más y mejor que todos los demás no ha desaparecido ni después de perder dos guerras. Ellos son así, no saben ver que existen otras posibilidades, que hay otros caminos para alcanzar el éxito. Me alegro tanto. Llevo días diciéndoles que es mejor esperar a asumir una victoria antes de tiempo.
Ayer, y yo no soy nada futbolera, mi orgullo, mi amor por una patria que me ha vuelto a acoger, la verdadera alegría de poder darles sopas con ondas a esas bestias que se creen mejor que los demás, me dejó emocionada, extasiada. Estaba en el bar de abajo, gritando y sufriendo, con un montón de mujeres, deseando que ganáramos para no tener que leer las tonterías que podrían los alemanes de sobre su superioridad. Eso pensaba mi ex, que era superior. Ese fue precisamente su fallo. Me alegro tanto, les he dado su merecido, y en su idioma.
Mi ex sabe lo que se perdió, y ahora lo sabe toda una nación, todo el mundo. España es mucha España, y de dentro nos sale siempre el coraje y la raza, y lo demostramos. Qué orgullo, qué felicidad. Ahora ya estoy más cerca de pensar que a lo mejor ganamos el mundial, y que sólo los hechos improbables, los que no se pueden prever son los que conforman nuestras vidas.
