martes, 5 de enero de 2010

el tatuaje de cervantes



"Muy poco enseñó la vida a quien 
no ha aprendido a soportar el dolor"
Miguel de Cervantes

Cuando he visto esta cita, he pensado que a lo mejor si que he aprendido algo, aunque todavía me queda mucho, lo que más me cuesta es soportar el dolor. Cada día lo soporto mejor. He de reconocer que ya no duele como antes, ni como la primera vez, que es la peor.

No en balde estuve cinco horas sentada, de espaldas en una silla en un estudio de Duisburg, para que Olaf me tatuara un río simbólico en la espalda. De eso hace ya diez años, pero su significado en nada ha variado. Lo hice para aprender a soportar el dolor, para infligirme una cicatriz hermosa y meditada. Por lo menos una de las cicatrices que me haga la vida, va a ser una que tenga el color y la forma que yo decida.

A todo en la vida nos acostumbramos, al sufrimiento no queda más remedio, como a las cicatrices o a los tatuajes. Lo más natural es que huya como alma que lleva el diablo de las cosas que me hacen daño. A la vez no puedo evitar que el riesgo me atraiga, aunque sepa que me dolerá. No quiero olvidar que en la vida todo pasa pero hay cosas inmutables, como las aguas del rio, mi Rin. Cada segundo que las miras son distintas, sólo el rio permanece, eterno en su fluir. El dolor es tinta indeleble para el alma, por eso Olaf decía que el tatuaje ha de doler. El dolor pasa pero su marca permanece. Impresa, impresionada.

Por eso cuesta tanto olvidar los amores amargos.

Hay veces, contadas, que merece la pena ese dolor, pero siempre bajo la premisa de que sea un dolor tolerable. Amigable. Soportaré este y otros dolores, y lo haré pensando que por lo menos son enseñanzas de la vida.

2 comentarios:

confiesa aqui o en: lamagamaggie@gmail.com

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